Entrevista a Pascal Gaigne – Garcia Brothers – 2017 ©


Pascal Gaigne es un polifacético compositor de música para concierto y música para cine, autor de la banda sonora de películas como “El olivo”, “Loreak”, “Azuloscurocasinegro” o “Gordos”, entre muchas otras. Nacido en Francia, reside actualmente en España y ha sido galardonado en numerosas ocasiones, incluyendo tres nominaciones a los premios Goya.

La primera pregunta, a modo de introducción, ¿cómo fueron tus inicios en la música?

Curiosamente no fue muy académico porque fue a través de un profesor de la escuela, un profesor de música, asignatura que ahora la quieren quitar. Me dijo que tenía facilidad para la música y que, por favor, estudiase algo. Al principio fui un poco autodidacta y con catorce o quince años ya empecé a dar conciertos como semiprofesional. Al acabar mis estudios decidí ir a una universidad de música. Al final acabé estudiando algo más tarde pero ya estaba formado como músico profesional cobrando para conciertos. 

Y, ¿cuándo te diste cuenta que querías componer música para cine?

No, esto es una casualidad absoluta, yo nunca he querido hacer música para cine, yo quería hacer composición pura y dura, pero ya tenía una edad y tenía que buscarme la vida y empecé tocar con grupos, con cantantes, todo lo que aparecía por ahí, pero con el objetivo de dedicarme a la composición de música. Y fue a través de un amigo de una amiga cantante que le propusieron hacer una banda sonora para una película de otra amiga, para ver si podía ayudar. Lo hice como un trabajo sin pensar que iba a seguir componiendo bandas sonoras y, a parte, que yo no tenía ni idea de cómo hacer una banda sonora, me gustaba mucho, pero nunca había estudiado cómo hacer una banda sonora. Y me llamaron para otra, otra y otra, y hasta hoy donde casi hago esto como actividad principal. En resumen, es totalmente casual, nunca lo he pensado.

¿Prefieres componer música para concierto o música para cine?

Hombre, en general, las dos cosas. La música de cine está muy bien y te permite muchas cosas pero no tienes la libertad absoluta de la música para concierto donde escribes absolutamente lo que quieres sin nadie que te controle si esto va bien o mal. Son dos mundos diferentes. La música de concierto es un ejercicio de libertad total y de inspiración cien por cien tuya. La música en el cine obedece a otras cosas, no tiene una única función. Teniendo en cuenta lo visual ya cambia totalmente la función de la música, por lo tanto es otra manera de trabajar. Poco a poco he descubierto que casi no tiene nada que ver una cosa con la otra, la aproximación al trabajo es muy diferente, aunque la técnica básica es la misma: armonía, composición, análisis. Pero la forma de trabajar y de inspirarse es muy diferente.

A la hora de empezar a escribir la banda sonora de una película, ¿sigues algunas pautas? ¿Cuáles son tus pasos iniciales?

Es un terreno un poco complicado, yo tengo la suerte de tener bastante facilidad pero esto no quita el hecho de que hay que probar. A veces tienes ideas rápidamente, en otras ocasiones tienes que buscar y dedicarle más tiempo. Es un proceso muy intuitivo y, al mismo tiempo, hay que reflexionar mucho sobre la estrategia que vas a cumplir con la música y en cada película es una estrategia diferente. ¿Por qué pongo ésa música? ¿Qué necesita la película? ¿Qué quiere el director? Antes de poner cualquier música hay que saber un poco lo que quiere el director porque, en el fondo, es como el capitán de un barco. En éste caso es un trabajo más de escuchar, entender e interpretar lo que te pide el director y, a partir de ahí, proponer. Ahora tenemos la gran facilidad de proponer maquetas de buena calidad, ideas o incluso, como he hecho con otros directores, escuchar música ajena a la tuya.

Normalmente empiezo a trabajar con el montaje, no me es fácil trabajar con el guión, aunque lo he hecho algunas veces pero no es más fácil. Prefiero trabajar cuando tengo ya la imagen, un pre-montaje para poder ver un poco el ritmo, el color, la cara de los actores. A partir de ahí componer lo que te sugiere o buscar de una manera directa o indirecta, escuchando otras músicas, probando nuevas cosas, hablando con el director. Es muy importante la relación con el director o con el montador para entender qué mundo estamos haciendo. Antes de componer, esto es lo más importante porque si no puedes ir en una dirección que no sirve para nada. Aunque, a parte de escuchar al director, también hay que proponerle algo que él no ha pensado también, no es solo obedecer porque entonces sería un trabajo de artesanía.

En una película, ¿Cuánta libertad tiene un compositor a la hora de decidir qué música poner y dónde?

Esto depende mucho de cada película y del director. Hay directores que te dejan proponer casi el cien por cien, otros que no, otros que se atan mucho a las músicas que llevamos de referencia de otras películas que tienen una idea muy precisa y te piden inspirarte de esto, lo que no siempre es agradable, pero suele pasar.

Cada historia, cada película y cada corto es una historia a parte, eso es lo interesante de ésta profesión, cambia todo el tiempo pero no hay ninguna ley lógica. Depende de la personalidad de cada uno, puede ser un dialogo abierto.

¿Alguna vez te has sentido bloqueado, creativamente hablando? Y, si es así, ¿cómo afrontas ese bloqueo?

Si, si, si. Bloqueado, incluso en el sentido de estar a punto de renunciar. Pensar que no puedo hacerlo, no lo veo, no entender al director, ver que lo que me pide no me corresponde a mí…

No siempre, pero suele haber situaciones de crisis, de conflicto, de dudas, porque es un trabajo creativo, no sabes muy bien dónde vas y es muy difícil descodificar la mente de un director ya que no es fácil lo que dice o lo que quiere.

A la hora de componer, ¿te sientes más cómodo trabajando en algún género cinematográfico en concreto?

Me gusta un poco de todo. Sobretodo me gusta la variación, cambiar, no siempre hacer lo mismo. Si has empezado con alguna película, ha funcionado un poco y la gente te conoce por esa película te identifican inmediatamente a ése estilo. Por ejemplo, si empiezas con cine de terror tienes posibilidad de hacer cine de terror durante una gran parte de tu vida, o igual si empiezas con cine de autor. Lo interesante es tener retos diferentes, aunque hay cosas que hay que saber renunciar porque no te corresponden, un corto lo puedes intentar pero una película de peso si crees que no lo puedes hacer bien hay que saber renunciar. Es muy difícil pero hay que saber hacerlo, elegir un poco lo que quieres hacer.

Como compositor, ¿prefieres ser tú mismo el director de tus propias composiciones?

No, es otro oficio. Es un oficio que a mi no me gusta mucho, no me siento cómodo. Lo suelo hacer con un grupo reducido de músicos pero con una orquesta grande prefiero tener un director. Hay algunos que lo hacen muy bien, por ejemplo, Roque Baños es un buen compositor y muy buen director, Fernando Velazquez también. A ellos les gusta el hecho de dirigir la orquesta, a mi no.

¿Prefieres solamente la tarea de composición entonces?

Si, prefiero estar detrás, escuchar, dar opiniones y versiones, apoyo total. Pero el hecho de conducir una orquesta es un trabajo diferente, tan diferente como componer música de concierto o música para cine. Componer y dirigir no tiene nada que ver, son dos oficios, relacionados con la música, pero no tiene nada que ver.

En la película “Verbo” colaboraste con el cantante de rap Nach. ¿Cómo fue trabajar con él?

Pues fue muy fácil y debo reconocer que a priori no lo veía muy bien, tampoco conocía a Nach ni el mundo del rap. Pero el director de la película (Eduardo Chapero-Jackson) era amigo de Nach y me dijo que era un tipo muy simpático y agradable. Estuve escuchando sus canciones en Internet y me gustaron mucho los textos, después me encontré con él y fue muy fácil la colaboración. Es un hombre muy interesante, es más un poeta que un rapero. Y además me dijo que usaba bastantes estilos como jazz, música clásica… Me encantó, fue una experiencia muy bonita. Siempre hay que estar abierto a las cosas y no tener nunca límites que, por desconocimiento, no conoces un mundo como es el del rap, por ejemplo. Del rap sólo conocía la parte urbana, negativa y violenta que no me gustaba tanto y, a través de ésta experiencia, me interesé más por el mundo del rap. Nach me dijo algunos nombres y empecé a escuchar cosas muy interesantes. Siempre hay que buscar lo positivo.

Y, precisamente, te nominaron al Goya por la canción que hiciste con Nach.

Si, (risas) mis amigos me decían: “Pascal, vas a ganar el Goya por una canción rap”. Pero fue muy divertido, una experiencia muy bonita.

En el panorama actual cinematográfico, ¿crees que el compositor recibe el reconocimiento que merece?

No, yo creo que estamos en un momento muy difícil. Hay poco trabajo fuera de las series de televisión, incluso en el cine son las televisiones las que mandan ya que son las productoras. Yo creo que hay más trabajo en el mundo de la televisión y series, lo que permite a muchos compositores trabajar, y está bien. Pero hay menos trabajo creativo y menos trabajo en cine. Éste mundo está cambiando mucho, no hay que lamentarse que cambie, pero no es fácil para la gente que viene a apuntarse a esto. Sería un poco largo de explicar, pero pienso que, en general, la posición del músico en la película ha perdido mucho peso porque a algunos no les interesa tanto que tengamos capacidad de control. Es un terreno complicado el de la música en el cine porque es un mundo que el director no controla. Puede controlar el montaje, la dirección de actores, pero la música es un lenguaje muy particular, muy difícil de hablar. Es difícil decir “yo quiero una música romántica o nostálgica”, ya que para cada uno significa algo distinto. Es muy complicado hablar de la música y definirla, los directores no saben cómo manejarla y es, en parte, la raíz del problema de que el trabajo musical haya perdido mucho de peso en el cine en general. 

Y, sin embargo, la música tiene el poder de, o hundir una película o hacerla grande.

Puede no subir la calidad de la película pero no creo que pueda hundirla. El público no es tan reactivo a la música, los músicos y especializados si, pero el público en general no es tan sensible a la música para decir que una música ha hundido a una película. Si la película está bien funcionará con música y sin música. Al revés también puede suceder: una música muy buena no puede salvar una película que no funciona. Nunca se ha visto esto, aunque en algunas ocasiones se resalta una buena música sobre una decepcionante película, pero esos son maneras de valorar las cosas muy personales, cada uno tiene su visión. Ahora somos muy radicales al decir que una película es mala sin explicar el porqué ni dar ningún argumento. Cada uno tiene sus preferencias, a algunos les gusta el cine de acción, otros el cine de autor, cine experimental y la música es lo mismo. Yo creo que hay que ser un poco más respetuoso en todo esto.

Hablando de cara al futuro, ¿estás trabajando actualmente en algún proyecto?

Si, ahora estoy con una película del equipo que hizo “Loreak” que se llama “Aundiya”. Es una película sobre un personaje real que existió en un pueblo del País Vasco durante el siglo XIX: el Gigante de Altzo, un hombre que medía dos metros cuarenta y que lo pasearon por las capitales y ferias, no como un monstruo, pero sí como un coloso. La película no es un biopic pero va centrada en éste personaje. Y éste es el proyecto que estoy haciendo, lo grabaremos en julio con la orquesta y ahora estamos trabajando con los directores.

Mucha suerte en el proyecto, Pascal. Y ya para acabar, una pregunta más personal: ¿qué consejos le darías a alguien que se quiere dedicar al mundo de la composición para cine?

Pues yo, el consejo que doy, es que si quieres entrar en ese mundo hay que hacer. La única forma de entrar en lo audiovisual es hacer cosas. Puede haber algunos casos de gente que son apoyados por otros pero, en general, éste mundo funciona porque alguien ve algo que has hecho y le gusta. Puedes tener un diploma de lo que sea pero no hay una escuela que te vaya a dar trabajo. Por tanto, yo aconsejo a la gente que haga cosas aunque al principio puede que trabajes gratis, de apoyo, a veces cobrarás algo y a veces no, pero esa es la única forma de tener un curriculum y referencias. Hay que proponerse a amigos, escuelas y hacer, y hacer, y hacer. Estar abierto, hacer cosas diferentes, así es la única manera de entrar en éste mundo.

Es un oficio parecido al de los artesanos de antes que aprendían con un maestro, no te estoy diciendo que trabajes junto a otros compositores, aunque puede venir bien. Pero en resumen, hacer cosas, cortos, documentales, proponerse ideas, escuchar mucha música, escuchar de todo, ver mucho cine, preguntar, como haces tú ahora mismo, a gente que trabaja en esto… Y yo creo que, a partir de ahí, si realmente te involucras en esto en algún momento habrá alguien que diga “ahí hay algo, voy a trabajar con él”. Y realmente sucede, no conozco a ningún compositor que quiera dedicarse a esto y no lo haya conseguido, aunque una cosa es trabajar y otra cosa tener un Oscar, pero la clave es el trabajo

Yo he tenido a gente bastante joven que venía a algunas master class que he dado con la estética “hollywoodiana” de John Williams, eso está muy bien. Pero antes de poner esa música en un corto que vas a hacer tienes que pensar en qué música vas a poner. No es solo demostrar tu capacidad como compositor lo que interesa a los directores y a los del mundo del cine, sino cómo tu música funciona con el cine, no lo virtuoso que eres. Los que venían a mi master class le metían una música muy bien escrita pero que no tenía nada que ver con la película y esto en el hecho de trabajar en el cine es lo peor. A veces cuatro notas musicales son más importantes que cuarenta.

 Os invitamos a conocer  más sobre este compositor a través de su página web.

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