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Suele ocurrirme que justo cuando aparecen los créditos de una película y ésta resulta ser maravillosa, no tengo ningún reparo en mostrar mi asombro, admiración y una gratitud infinita.

Y Uncut Gems es de ese tipo de películas para mí. Con una banda sonora inmersiva,  maravillosa, donde a través de una gran cantidad de elementos puedes sentir como se producen las transmutaciones. No sólo de las emociones humanas y las diferentes situaciones por las que pasan los personajes.  Libre de prejuicio, puedes incluso sentir como se desarrollan y no fruto del azar, los diamantes. Haciendo un viaje a la par entre lo más diminuto y la inmensidad del cosmos. 

Y en algún lugar de lo infinito, Uncut Gems muestra un pequeño fragmento de la vida de Howard,  un joyero judío residente en la ciudad de Nueva York. La ciudad que parece no dar un sólo instante para recuperar el aliento, idónea para contar ésta historia.  Y donde más de ocho millones de vidas van y vienen cada día a través de sus calles, sus largas avenidas y bajo el metro.

Desde el minuto uno del film hasta el final todos atosigan a Howard exigiendo supuestas deudas e intentan manipularle, desde un tipo quejándose por haberle vendido un reloj falsificado a un jugador de la NBA (Kevin Garnett) que no le devuelve un Ópalo de un millón de dólares por que está totalmente seguro de que éste le da suerte anotando. 

El talento de Howard para las apuestas parece y está grabado en su sangre, un dominio natural de cualquier situación y una genialidad fuera de lo común para tratar a todos por igual, victimas de su destreza. 

La interpretación de Adam Sandler es estratosférica y majestuosamente guiada por los hermanos Safdie. No recuerdo una de tal calidad en años.

La fotografía es brillante, necesariamente arriesgada en algunos puntos, dónde el espectador queda fascinado por el uso del color, olvidando por completo el mundo real e intuyendo el misterio de la existencia y la futilidad de la vida.

El guión es maravilloso, como un río por el que navega el personaje, donde apenas se calma su caudal. Y éste nunca parece desbordarse. Es ahí cuando la música avisa del peligro,  pero de una manera irritante, escapando al tópico. Hasta el punto de que el espectador ruega que termine ese caudal con algún imprevisto.

Uncut gems es una obra maestra, sin rodeos, en un año además histórico para el cine, en el que tantísimas películas maravillosas han recorrido el planeta. En el que tantos paradigmas están  cambiando a nivel planetario y justo cuando Hollywood  ya mira con recelo a las nuevas plataformas y productoras independientes, como A24, que produce este film y que está  demostrando que se puede hacer gran cine independiente y de una calidad altísima.

Ya parece intuirse dos grandes creadores, Joshua y Benjamin Safdie. Estaremos atentos.

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